Castillos de Segovia vs Castillos en Latinoamérica

Te voy a hacer una pregunta tonta, me dijo una compañera del piso el otro día: ¿En Latinoamérica hay castillos?

Me quedé estupefacta y lo tuve que pensar.

Después que haberme ido a dormir tantas noches escuchando cuentos de hadas, caballeros de armadura y princesas encerradas en torres de castillos, sonaba ridículo pensar que en mi continente no hubiera castillos. Pero la verdad es que, aunque son pocos, algunos hay (contruidos por familias adineradas).

Como por ejemplo, el caso de aquel Sr. Caraqueño que construyó su propio castillo moderno estilo Gaudí perdido en una de las colinas de la capital venezolana. Sin embargo, castillos, castillos, de esos que vemos dibujados en los libros de cuentos no hay (si estás leendo este y se te ocurre un ejemplo de otros castillos en Latinaomérica, acepto más ejemplos).

Según Brandon, el Castillo de Chapultepec en México es el único castillo «oficial» de Latinoamerica por su comparación con castillos de Europa y su antigüedad y belleza arquitectónica. Aunque Jesús Miguel Astorga asegura de que en Perú también está el Castillo de Chancay que no tiene nada que envidiarle a los del viejo continente.

Aprovechando que estoy en Europa y aquí las distancias son cortas, este fin de semana me fui en autobús a Segovia.

Durante todo el viaje no encontré a mi príncipe, pero sí caminé por los adoquines gastados por la realeza, y luego los millones de turistas que vinieron antes de mí.

Dentro del castillo

Para evitar el tumulto turístico de la tarde, fui al Alcázar al mediodía y aproveché la soledad del recinto para disfrutar de cada rincón del castillo.
Inspeccioné las armaduras de los caballeros con curiosas curvaturas en los pies que hacen que te preguntes si realmente caminaban con esos trajes o simplemente eran adornos o estatuas decorativas que algún imaginativo luego convirtió en mitos y leyendas. También observé detalladamente los diferentes adornos de estas armaduras: había armaduras enteras, otras de medio cuerpo, mientras que otras combinaban el metal con gruesas telas; algunas eran lisas mientras que otras llevaban minuciosos decorados en el pecho y las manos.

Más tarde subí las claustrofóbicas y largas escaleras que llevaban a la ventosa torre que te despeinaba, te obligaba a sentirte libre y te despojaba de todas las ganas de regresar a la realidad.

Permanecí un rato allí arriba disfrutando del paisaje y extendiendo ese fantasía hasta que mi estómago comenzó a rugir. Ya eran las 16:30 y si no bajaba pronto, no iba a encontrar un sitio abierto que me sirviera el almuerzo.

Tierna tradición: Comer Cochinillo en Segovia

Antes de irme a Segovia, mis amigos me recomendaron que probara el Cochinillo de Segovia porque era una deliciosa tradición que no me podía perder.

A pesar de que esa experiencia significaría un desembolso importante, e implicaría sacrificios el resto de la semana, me habían asegurado que valía la pena. Asi que cuando bajé del Alcázar me dispuse a buscar un Mesón que sirviera cochinillo que todavía tuviera la cocina abierta.

Cuando casi había desistido en mi búsqueda, un poco por hambre y otro poco porque sólo encontraba bares que ofrecían platos combinados, encontré una publicidad que anunciaba exactamente lo que buscaba: un menú turístico que incluía cochinillo, primer plato, bebida y postre.

Aunque era tarde, el Mesón Don Sancho estaba lleno y tuve que esperar hasta las cinco de la tarde para almorzar.

Los dueños del bar, un matrimonio mayor muy simpático, se sintieron mal al verme comer sola y se encargaron de entretenerme con historias del pueblo y me invitaron tapas y chupitos mientras esperaba la comida.

De primero pedí una sopa castellana, una especie de guiso de sémola muy grasoso y espeso que no me gustó nada.

De segundo, llegó el famoso cochinillo de Segovia, un trozo de lechón asado ternizado que se me derretía en la boca y consiguió transportarme a los inviernos de mi infancia donde me apoyaba contra el vidrio del asador de enfrente de casa para sentir el calor y el delicioso olor a lechón asado.

Y de postre saboreé un cremoso mouse de limón, perfecto para endulzar la boca y ayudar a digerir tanta comida.

Esa tarde llegué sola y pedí una mesa para una persona, pero por suerte el almuerzo no fue nada solitario.

Cómo llegar:

Autobús: La Sepulvedana Sale desde la estación de metro de Príncipe Pío en Madrid.

3 Comentarios

    • Qué bueno! No tenía ni idea. Si llegas a ir por ahí y llegas a sacar fotos o quieres escribir algo, sabes que están más que binevenidas en el blog. Beso!

      • según mi información el castillo de chapultepec es el único castillo de latinoamerica por su comparación con castillos de Europa y su antigüedad y belleza arquitectónica..

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