San Fermines de Encierro y una Rumba que Olvida la Veneración de un Santo, Pamplona, España

Desde que tengo uso de razón, todos los 7 de julio me sentaba frente al televisor junto a mi familia a ver los encierros de San Fermines.

Este 7 de Julio, volví a ver las corridas, pero esta vez en persona desde las varas que separan a los corredores y toros de los espectadores en la calle Estafeta en Pamplona, España.

¿Qué es el encierro? (las corridas)

Desde casa, uno se pregunta qué impulsa a las personas a correr frente a esas bestias cornudas… Aunque no fui lo suficientemente valiente, o desquiciada (depende a quien le preguntes) para correr junto con los toros, sí ví las corridas desde bien cerquita y conseguí entender el fervor de las corridas.

Desde lejos el encierro parece una peligrosa locura, pero después de que te explican bien las reglas del evento uno comprende que no es tan peligroso como parece. Los corredores entran al encierro a las 7:45 de la mañana, 15 minutos antes de la corrida, lo cual les da tiempo suficiente para esconderse o incluso correr los 800 metros hasta la plaza de toros antes de que suelten a los toros.

Las personas que corren todos los años afirman que el encierro no es peligroso porque los toros no atacan a la gente a propósito, y hacen hincapié en que los incidentes ocurren cuando alguno de los corredores incumple alguna de las reglas que se repiten constantemente a través de los altoparlante e intenta acariciar al toro y lo distrae, corre mientras intenta fotografiar o filmar el evento o tropieza por andar borracho o no llevar el calzado adecuado.
A pesar de esta supuesta seguridad que aseguran los Pamplonenses, hay muchas personas que prefieren quedar al margen de la corrida
como espectadores y se suben a cualquier lado para no perderse ni un vistazo de este evento delirante y enloquecedor.

 

¿Por qué se celebra San Fermín?

En estas fechas, los Pamplonenses celebran San Fermines en honor a San Fermín, un misionero cristiano, co-fundador de Navarra que fue decapitado a los 31 años por negarse a dejar de predicar el cristianismo.

Originalmente, la celebración era un simple acto religioso, pero con los años la fiesta se volvió cada vez más popular. Actualmente los que visitan Pamplona entre el 6 y el 14 de julio enfatizan más la rumba que la veneración al Santo.

La celebración comienza el 6 de julio al mediodía con el Txupinazo (Chupinazo), un brindis acompañado por el lanzamiento de un cohete desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona seguido por el grito “¡Viva San Fermín!” Aunque este año fue un poco diferente porque el concejal de Aralar, Javier Esbuki, encargado de encender el cohete rompió con esta tradición voceando “¡Viva las fiestas de San Fermín!” porque es agnóstico, generando una gran controversia.

Pero la controversia no perjudicó en absoluto la fiesta que se vivió cada día en la calles de Pamplona, un acontecimiento impresionante que es generalmente ignorado por los medios de comunicación que se enfocan principalmente en el encierro.

Durante las fiestas, la población de Pamplona se cuadruplica y las personas pintan las calles de rojo y blanco uniformados con sus trajes de San Fermines y sus pañuelos y fajas rojas. Mientras dura la celebración todos se vuelven amigos, no hay diferencias y es imposible distinguir a las personas porque todas van iguales… Los cánticos y los bailes por la calle no cesan en todo el día y Pamplona se convierte en una rumba abierta que nunca duerme.
Bueno, la ciudad nunca duerme, pero sus rumberos sí despliegan sus bolsas de dormir y carpas en las plazas, las medianeras de las calles principales o cualquier trozo de suelo limpio, para descansar y continuar la celebración unas horas más tarde.

 

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