Etxalar, donde las iglesias se adornan con lápidas

Parados frente a un mapa de cuadros irregulares y números, escrito en Euskera, tratamos de descifrar el nombre de la Iglesia que acabamos de visitar en el pueblo de Etxalar, al norte de Navarra, España.

Pero fue misión imposible. Ese mapa no tenía lógica. Los nombres no eran ni de calles, ni de lugares. Tal vez eran los nombres de las diferentes familias del pueblo, especulamos, pero como ninguno se repetía decidimos entrar a un almacén a preguntar.

Dentro del local todo era bizarro. La tendera había querido asegurarse de que no les faltara nada a sus clientes, y dada la limitación espacial del lugar, prefirió la variedad ante el orden.

Para buscar los helados teníamos que revolver entre salmones y ostras, debíamos tomar las galletas con cuidado para no perder un dedo en las trampas para ratas que se vendían a su lado y en la caja, teníamos que reprimir nuestro diente dulce para no comprar turrones navideños en pleno marzo.

La señora amablemente nos explicó que el mapa mostraba los nombres de todas las casas del pueblo, ya que como sólo viven 800 habitantes es preferible recordar las casas que las calles.

También nos reveló que no había nadie enterrado bajo las lápidas que cubrían los patios de la Iglesia Santa María. “Un día el cura actual las encontró guardadas en un rincón de la iglesia y decidió que era preferible adornar los patios con ellas a que siguieran juntando polvo,” nos dijo.

Aunque dudo que adopte esta curiosa práctica de diseño de exteriores, sí me llevo un poquito de la magia de este pueblo navarro de enigmáticas historias.

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