La pequeña Atlántida camboyana

Posted On By Laura Vaillard

Escrito por: Ricardo Moreno (Santiago de Chile, Chile)

Fotos de: saifulnazim

Tonlé Sap

Era otro día abrumador bajo el Sol y la húmedad de Siem Reap, Camboya. En esta ocasión, nuestro guía (camboyano, pero que se nos presentó en un simple inglés como «Paul») nos llevó a la «famosa» ciudad flotante de Chong Kneas, sobre el lago Tonlé Sap. Y digo famosa, porque está recomendada por la Lonely Planet Camboya (creo que con eso basta).

El paso por Siem Reap para un latino occidental, por muy capital turística mundial que sea (debe andar al nivel de Cusco en el Perú), puede resultar toda una epopeya.

Paul nos recogió en la puerta del hotel, puntual, a las 8 am. El automóvil, un Toyota full equipo de finales de los 90, nos esperaba con un agradable aire acondicionado. Paul encendió el motor, pusó a primera y enfiló hacia la calle principal (la avenida que destaca en cualquier mapa de Siem Reap). Los carros venían de ambos lados; cualquier occidental pondría neutro y frenaría. Sin embargo, Paul, así como respiraba, sólo tocaba la bocina (repetidas veces y hasta con una molesta insistencia) y se hacía espacio entre la multitud de coches que, flexibles y entre bocinas, fluían cada uno por su lugar -como si nada- rumbo a sus destinos. Dejamos Angkor atrás y seguimos hacia «el otro lado», al sur.

Luego de unos 30 minutos, Paul se estacionó en una especie de embarcadero. Pero no se trataba de uno cualquiera: su arquitectura y vigilancia denotaban que se trataba de la puerta de entrada a una importante atracción turística (así también los precios. Pero si estás allí, ya no queda otra que abrir la billetera).

Bajamos por una pendiente que desembocaba a un canal de agua no-cristalina del que emanaba un olor poco ameno, donde abordamos un bote techado y a motor. Cuando el bote comenzó a surcar el canal, el paisaje continuaba igual: agua sucia y tierra a ambos lados. Si le sumábamos el olor (que ahora se mezclaba con el fuerte olor a gasolina que emitía el motor de la lanchita) el trayecto no era nada bonito.

Luego de unos 15 minutos atravesando el canal, comenzó el misterio: “¿A dónde vamos?”, comenzamos a preguntar. En ese momento nada ayudaba a presagiar lo que tus ojos verían unos minutos más tarde. Paulatinamente el canal iba desapareciendo para convertirse en un enorme lago. Llegamos a Tonlé Sap donde el olor volvía a la normalidad y el agua comenzaba a limpiarse  (un poco). Unos 500 metros más adelante comenzamos a divisar unas pequeñas casas… flotantes.

La impresión es máxima cuando uno logra darte cuenta de que lo que estábamos viendo no es una exhibición, ni una feria. Y no se trataba de algo que se armara para impresionar al turista.  Lo que estábamos viendo era una villa, un pueblo completo, con niños, perros, escuelas, iglesias, mercados, televisores… En fin, miles de personas (aproximadamente viven 5 mil)… y todo flotante.

¡Cómo puede existir algo así! ¡Cómo la gente puede vivir en el agua! Parecía una escena de ciencia ficción, nuestra embarcación comenzaba a entrometerse entre las casas y los habitantes de Chong Kneas nos saludaban con risas, seguramente al ver la cara de estupefacción que llevábamos. 

Las construcciones flotantes estaban construidas sobre grandes balsas de troncos y neumáticos. Y sobre ellas, había de todo, incluyendo una escuela con cancha de básquetbol y unos mercados pueden tener hasta cuatro pisos. Al menos esa es la altura que tiene uno de los importantes mercados de souvenirs donde nos dejó el bote. Allí también nos dimos cuenta de que la mascota favorita de los habitantes de Chong Kneas no es el perro, sino el cocodrilo: los mantienen en grandes jaulas para impresionar a los turistas, aunque posiblemente en el lago existan cientos más y libres. 

Desde el último piso del mercado de souveniers había un gran mirador al lago. El Tonlé Sap es gigantey desde allí la villa de Chong Kneas se ve pequeña. Casas flotantes. Gente que vive rodeada de cocodrilos y cuyo medio de transporte es el bote. Un estilo de vida inimaginable hasta que lo ves con tus propios ojos. ¿Pobreza? Sí, de todas maneras…

 
lvaillard

Vida Surrealista de Un Viajante Sin Guía

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