El Callao, una aventura marina muy cerca de Lima

Texto y fotos: Jesús Miguel Astorga (Lima, Perú)

Lima, pese a ser la única capital sudamericana con mar, sus propios ciudadanos desconocen los atractivos que sus costas ofrecen. Y si usted es uno de esos viajeros que hace escala en la capital peruana, por seis horas o más, este post le va a interesar.

Llegar a la plaza principal del Callao, el principal puerto de Perú, no es difícil. Por unos US$ 40 (el precio varía de acuerdo a los servicios que se brindan – precio marzo 2015) puede tomar un paseo en bote de unas tres horas y media, si gusta puede chequear la salida de las embarcaciones vía web a través el portal de Muni Callao, Mar Adentro Excursiones o Tour Marino Callao.

Las primeras vistas son del muelle, los grandes buques de carga, cruceros e incluso de pequeñas lanchas pesqueras. También se pasa por la fortaleza del Real Felipe (el más magnífico del Pacífico en su tiempo), para luego dar una rápida mirada a los balnearios cercanos de Chucuito y La Punta y la Escuela de Marina.

Luego, en altamar, nos encontramos con la primera sorpresa: si tenemos suerte veremos a algún ave parado en medio de las aguas. ¿Cómo es esto posible? Esa zona es conocida como El Camotal. A las 10:30 p.m. del 28 de octubre de 1746 Lima fue sacudida por un fuerte terremoto (se estima que llegó a los 9 grados Richter) que fue seguido por un maremoto, en ese entonces el Callao tenía unos 5 mil habitantes, sólo sobrevivieron 200. Grandes áreas del puerto terminaron hundidas para siempre en el mar –aunque a veces cuando la marea es baja, emergen. Una conocida granja dedicada a la siembra de camotes (un tipo de batata) también corrió con trágica suerte, de allí el nombre. Ecos de esa tragedia llegan hasta nuestros días: el sismo dio origen a la procesión del Señor de los Milagros, considerada la más multitudinaria del mundo católico, sus devotos se han encargado de propagarla por diversos países del mundo.

Coincidentemente en el área de El Camotal confluyen las corrientes del Ártico y del Ecuador, por eso se pueden ver el choque de olas que vienen de norte y sur. Este fenómeno explica la nubosidad y humedad de Lima.

Luego enrumbamos a la isla San Lorenzo. Con unos 8 kilómetros de largo es la más grande del Perú. En su totalidad es árida, sin embargo es visitada desde tiempos precolombinos, y considerada una deidad de la abundancia pues en ella existía el guano (excremento de aves) que era utilizado como fertilizante natural. Desde allí, durante la colonia, Sir Francis Drake tuvo en jaque al Callao y fue tumba del pirata holandés Jacques L’hermite. Por esta razón de vez en cuando aparecen buscadores de tesoros. En 1866 una poderosa escuadra española enviada a recuperar los territorios sudamericanos perdidos por la guerra de independencia fondeó en el lugar, pero finalmente fue expulsada por una fuerza combinada de peruanos, chilenos, ecuatorianos y bolivianos. En la actualidad la isla es una base naval, en 1992 purgó prisión temporal Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso.

El siguiente punto de nuestra travesía es la isla El Frontón. Fue utilizada como leprosorio o lugar de cuarentena para los navíos que venían de Europa. Desde 1917 se convirtió en prisión la cual fue cerrada definitivamente tras develarse de manera sangrienta un motín protagonizado por terroristas en 1986. En la actualidad pueden observarse los restos del bombardeo a la que fue sometida.

Seguidamente llegamos a un conjunto de islas que contrastan con las otras anteriores por su riqueza animal: las Palomino. De lejos podemos escuchar algo así como ladridos de perros, pero cuando más nos acercamos notamos que las rocas se mueven, entonces nos damos cuenta que se trata de cientos, quizás miles de lobos marinos que se mueven con dificultad porque están muy cerca uno de otro. Entonces llegó el momento de ponernos nuestros wetsuits o salvavidas, los nadadores más expertos quizás no lo requieran, pero, eso sí, por recomendación de los expertos se solicitará a todos nadar despacio y en grupo, evitar estirar la mano o darle de comer a los animales sino queremos sufrir una desagradable consecuencia. La experiencia de tenerlos frente a frente o que rocen alguna parte de nuestros cuerpos es indescriptible. Las fotos tomadas en ese momento serán un recuerdo indeleble. Mayormente este tipo de incursión se realiza entre noviembre y abril, cuando el clima es más benévolo.

De vuelta al bote pasamos por detrás de la isla El Frontón donde vemos enormes farallones y rocas como cortados por un enorme cuchillo, una muestra de las fuerzas geológicas que millones de años atrás separaron estos montículos de tierra firme. San Lorenzo nos depara una sorpresa más: es colonia de innumerable cantidad de aves marinas, algunas de ellas migratorias y también es hogar de pingüinos, los cuales fueron estudiados en su oportunidad por Alexander Von Humbolt y Charles Darwin.

Y allí termina el viaje, el resto del trayecto será para regresar a nuestro punto de origen. Quienes lo hayan realizado o lo realicen en el futuro, de seguro que nunca imaginaron poder disfrutar esta aventura que siempre estuvo esperándolos a poco minutos de Lima.

Y si no nos creen, vayan a conocer, o por lo menos, disfruten del video:

Pin It on Pinterest