Vivir en Tel Aviv, entre la religión y la guerra

Escrito por: Laura Vaillard

Desde que me mudé a Israel hace casi un año, una vez por semana alguien me pregunta sobre mi vida en Israel. Por eso me pareció bueno responderles a algunas de las preguntas más frecuentes para que se queden tranquilos que nada es lo que parece.

 

¿Cómo es vivir en Tel Aviv? ¿No te da miedo vivir allá?

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Afortunadamente, la vida en Tel Aviv no se parece nada a lo que se escucha y se ve en los medios de comunicación. La guerra es casi imperceptible y los actos de terrorismo son sumamente aislados, o únicamente en los territorios o zonas de conflicto. En Tel Aviv, la vida transcurre de manera muy tranquila: las personas van a la playa a tomar sol o surfear. Salen a pasear a sus perros o llevan a los chicos a uno de los tantos parques de la ciudad.

 

¿Y cómo es la gente?

Para mí hay dos clases de israelíes: los conocidos, y los desconocidos. Por la calle, los israelíes pueden resultar atropellantes y maleducados. Las palabras permiso, por favor, perdón y gracias parecen haber sido borradas de su vocabulario. Comen con la boca abierta y su mano parece una extensión de la bocina.

Sin embargo, una vez que te haces amigos, son personas bondadosas, abiertas y cariñosas, y siempre, siempre, siempre, buscan la forma de ayudarte. Sea para buscar trabajo, un lugar donde vivir, o pareja, en caso de que estés soltero.

 

¿Y no hay religiosos?

Obviamente que sí. Pero en Tel Aviv predominan los hípsters. Hombres de cuerpos esculpidos en shorts, musculosa, chancletas, barba y Ray Bans. Mujeres esbeltas con de shorts (a veces demasiado cortos para mi gusto) y remera (muchas veces sin sostén/ corpiño), o vestidos coloridos.

Los religiosos en Tel Aviv se encuentran en algunos barrios específicos, o sino fuera de la ciudad en Jerusalén o algunos kibutz. En Tel Aviv, sí se ven hombres con kipá y mujeres con peluca, pero predomina la cultura secular.

 

¿Y cómo te movés allá?

bicicleta

Dentro de Tel Aviv el medio de transporte predilecto es la bicicleta. En especial, la bicicleta eléctrica (que puede resultar peligrosa porque no respetan ninguna regla, pero ese es otro tema).

Fuera de Tel Aviv, la mayoría de las personas tiene auto, ya que hay buses y trenes, pero la frecuencia no es muy buena. Además, durante el Shabat (desde el viernes a la tarde hasta el sábado a la noche) no hay transporte público. Si no tenés auto es muy difícil y a ningún lado. Ah, obviamente también hay taxis. Y monit shirut, una mezcla de taxi y colectivo: tienen un recorrido determinado, pero paran donde le indiques y funcionan todos los días, incluso a la noche.

 

¿Y con el idioma cómo hacés?

Al principio fue muy complicado. Pero debido a la gran ola de inmigración de distintos países tienen programas de idioma, Ulpan, donde uno puede tomar cursos acelerados para aprender. Además, la mayoría de los israelíes hablan inglés, lo que facilita las cosas en el día a día, y siempre y cuando no tengas que hacer trámites administrativos.

 

¿Es verdad que todos tienen perro?

Prácticamente. Incluso hace poco un estudio indicó que Tel Aviv es la ciudad con mayor cantidad de perros por habitante en el mundo con un ratio de 1 canino cada 17 telavivians. ¡Una locura!

A su vez, la ciudad está preparada para los caninos. Hay parques dedicados a ellos, los restaurantes, los taxis y los colectivos son dog-friendly, y desde el 2016, cada 26 de agosto se celebra el día del perro.

 

La vida noctura, ¿qué onda?

Tel Aviv es una ciudad muy vibrante y siempre hay algo para hacer. Desde boliches con todo tipo de música, hasta recitales, y obras de teatro en hebreo con subtítulos en inglés. Hay para todos los gustos y en todo momento.

 

comida-en-tel-aviv¿Qué onda la comida? ¿Ya te acostumbraste?

Desde el primer día. ¡La comida es increíble! Uno escucha hablar de humus con pita, shawarma, shakshuka, falafel, malabi… Pero, ¡en Tel Aviv hay de todo! Comida mexicana, sushi, poke de Hawái, comida tailandesa, italiana… Lo que se te ocurra.

 

¿Extrañás?

Más que nada a los afectos, a mis amigos y a mi familia. También extraño poder tomarme un bondi en cualquier momento para ir a cualquier lugar, sea dentro o fuera de la ciudad. Se extraña esa libertad. Y unas buenas empanadas. Carne para hacer un buen asado se consigue. Pero llegar cansada del trabajo y pedirse unas buenas empanadas no tiene precio.

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