El ascenso inesperado al Cerro de la Cruz, Mendoza

El ascenso inesperado al Cerro de la Cruz, Mendoza

Escrito por: Laura Vaillard

Los primeros días en Mendoza estuvieron fantásticos a pesar de la lluvia. El tercer día, opté por quedarme en la ciudad. Luego de caminar bastante y recorrer el Parque San Martín, a la hora de la siesta, cuando los negocios y muchos de los museos cierran, me aburrí un poco.

A la noche opté por encontrarme con una vieja amiga que hacía más de 8 años que no veía. Comimos una pizza deliciosa, recordamos viejos y me fui a dormir.

Ya estaba en la cama cuando decidí que no quería pasar otro día igual. Había escuchado en el hostel que había un chico que quería ir a la montaña. Le consulté un par de cosas a los chicos del hostel, me acerqué al belga (que hasta ese momento no sabía que se llamaba Arthur), le toqué el hombro y le pregunté si quería ir a la montaña conmigo.

Con gusto accedió. Debíamos despertarnos temprano para estar en la estación de autobuses a las 8 am. Llegamos a comprar los pasajes 7.59, y a las 8.02 ya salía el colectivo hacia nuestro destino. Luego de disfrutar del paisaje, nos quedamos dormidos esperando despertarnos al final del recorrido en Potrerillos. Sólo el mismo no terminaba allí y para cuando nos dimos cuenta estábamos a 45 minutos de nuestro destino original.

Optamos por continuar viaje hasta Uspallata y encontrar otra ruta de trakking por ahí. Como no teníamos un destino fijo, y ninguno de los dos conocía, daba igual. Lo importante era pasar un día en la montaña.

Al llegar al pueblo, pedimos un par de indicaciones y nos recomendaron hacer el via Crucis. Al llegar a la cima, luego de 20 minutos, Arthur (quién además resultó ser boy scout en su país) reconoció otra ruta, y así llegamos al Cerro de la Cruz (2.200 msnm). La subida era empinada pero tranquila y desde arriba se podía ver la ciudad, el valle y el Cordón del Plata. El paisaje era tan maravilloso que nos quedamos cerca de una hora allí charlando, tomando mate y almorzando.

De regreso, volvimos a pasar por Potrerillos y notamos que estaba lloviendo. Aunque nuestro plan no resultó como habíamos planeado. Fue incluso mejor. Dios puso el cielo azul de nuestro lado.  Fue un día improvisado, inesperado y hermoso. Maravillosa forma de regresar a la montaña.

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