Trekking y escalada por San Juan, Parque Nacional el Leoncito

Escrito por: Laura Vaillard

Viajé a Mendoza para despejarme y para reencontrarme con mi lado más básico. Terminar de entender lo que necesito y poder poner toda mi energía para conseguirlo.

Durante el viaje, quería dos cosas: estrellas y montaña. Dos cosas que hacía prácticamente 3 años que no veía. Había logrado ver las montañas desde lejos y algunas estrellas desde la terraza del Decimo Resto Wine Bar en Garibaldi 7 en el centro de Mendoza. No era exactamente lo que esperaba, pero estaba lo suficientemente cerca.

Estaba a punto de contentarme con eso cuando un amigo de un amigo de la Escuela de guías de Alta Montaña y Trekking Aconcagua (EPGAMT) me llamó con la noticia de que a la noche me pasarían a buscar para ir a ver estrellas fugaces. Sin dudarlo acepté la invitación, sin saber a dónde iríamos.

Me pasó a buscar junto a otros tres amigos y manejaron hasta el Parque Nacional el Leoncito, un observatorio en la provincia de San Juan. Durante la ruta ya era increíble la manta de estrellas. Hacía tiempo que no veía tantas. Era imposible contarlas. El cielo era un manto con purpurina. Hipnotizante.

Apenas bajamos del auto vi la primera estrella fugaz. La última que recordaba haber visto había sido en Arkansas en el año 2004 en otro viaje de escalada con amigos de la facultad. Es una belleza efímera que te sorprende en el momento menos esperado.

De ahí tomamos las bolsas de dormir, subimos una colina hasta encontrar un lugar donde cupiéramos los cuatro cómodos y nos acostamos a ver las estrellas. Estaba fresco, pero era un frío tolerable. Cada uno metido en su bolsa de dormir miraba el cielo a través del hueco de la bolsa de dormir al estilo vivac. Aunque nos esforzábamos para mantenernos despiertos para ver el espectáculo, el peso del cansancio nos cerraba los ojos y cada parpadeo de hacía cada vez más largo. De vez en cuando uno gritaba “vi una” y volvíamos a prestar atención. Pero poco a poco, el sueño nos fue venciendo y el espectáculo duró poco.

Al otro día nos despertamos, desayunamos, hicimos una caminata por amena de alrededor de 3 horas (ida y vuelta) por el Cerro en Leoncito de 2.519 msnm. Era muy lindo porque el color de la roca iba cambiando a medida que aminábamos. A veces era más verde, más roca, más gris o más amarilla. Por momentos sentíamos como que nos teletransportábamos a distintos cerros.

Por la tarde, fuimos hasta el Colorado para hacer un poco de Boulder y terminar una jornada con lo que más me gusta: deporte, aire libre y buena compañía.

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