Arte Sano en Plaza Francia: Entretenimiento y Arte al Aire Libre

Arte Sano en Plaza Francia: Entretenimiento y Arte al Aire Libre

Por: Laura Vaillard Acróbatas, magos, titiriteros, percusionistas y malabaristas convierten la Plaza Francia de Buenos Aires en un circo al aire libre todos los fines de semana, agregando una nueva dimensión de entretenimiento a su reconocida Feria de Artesanos que data del 1970. Hace años que familias con chicos, parejas, turistas y grupos de amigos visitan la plaza después del almuerzo para zigzaguear curiosamente por los diferentes puestos de la famosa Feria. Después de comprar collares de madera de colores e incienso, descubrir avioncitos de madera con mecanismos insólitos que hacen girar las hélices cuando están apoyados, o probarse pulseras de plata y alpaca adornadas con rodocrosita, muchos permanecen en el parque para disfrutar de los espectáculos callejeros mientras toman mate. Hay shows para todos los gustos: En la cima de la colina, bien cerquita del Cementerio de Recoleta, suele sentarse un guitarrista que interpreta canciones a pedido del público a cambio de unas pocas monedas. Un poco más abajo, un grupo de jóvenes cómicos improvisan chistes al ritmo del hip-hop, mientras que otros jóvenes entretienen a los más chicos con títeres de goma espuma, y los acróbatas dejan al público boquiabierto con muestras de giros y mortales. Se respira arte y alegría en cada rincón de la plaza, convirtiéndola en un lugar agradable adonde ir a disfrutar del cálido sol primaveral. Seguime en: Vida Surrealista de Un Viajante Sin...
Pinamar Entrelaza el Aroma de Pinos con la Brisa del Mar

Pinamar Entrelaza el Aroma de Pinos con la Brisa del Mar

Pocos lugares tienen un nombre tan preciso como Pinamar, una ciudad costera rodeada de pinares que entrelazan su aroma a resina fresca con la brisa marina, donde los viajeros pueden disfrutar tanto del bosque como del mar. En verano, el sol baña las playas y la ciudad vibra con la vitalidad de los turistas, mientras que en invierno las solitarias hojas tiritan agitadas por el viento frío y las olas del mar se divierten bailando el Vals con la arena. Sin el calor del verano y con la juventud ausente, en invierno Pinamar no es el típico lugar de playa al que se va de vacaciones. Sin embargo, no pierde su encanto y se convierte en el lugar ideal para descansar y recargar las energías necesarias para sobrevivir en la frenética Buenos Aires. A la hora de regresar a la rutina, hay quienes prefieren salir después de almorzar para evitar los embotellamientos que se forman en la entrada a Buenos Aires. No obstante, a veces vale la pena salir más tarde para presenciar cómo el sol se sonroja entre nubes violáceas para luego zambullirse en la Laguna Chis-Chis hasta el día siguiente. Un cierre ideal para un fin de semana de tranquilidad. Seguime en: Vida Surrealista de Un Viajante Sin...
Tango en La Viruta

Tango en La Viruta

Aprendí a bailar tango como Tom&Jerry, siguiendo los pies recortados y las líneas punteadas que danzaban al son de un constante dos por cuatro en la pantalla de mi televisor. Hubiese preferido aprender a bailar de otra forma. Pero desafortunadamente, la señora regordeta y mal vestida de esos videos de baile ochentosos que aseguran que con ellos puedes “Teach Yourself”, fue la única dispuesta a darnos clases en el cuarto alfombrado de una casa vieja de Fort Worth, Texas, capital de la música country. Ni el lugar, ni la profesora eran idóneos para aprender a bailar. Pero no tenía escapatoria. Mis amigos querían que representara a Argentina bailando tango en el Internacional Banquet 2005 de Texas Christian University. Con mucho esmero y dedicación, mi amigo colombiano Mauricio Oliveros, y yo, practicábamos los ochos, las vueltas y las piruetas una y otra vez, mientras mirábamos esos videos de tango en “slow motion” para no perdernos ningún detalle. Al cabo de unas semanas, habíamos “aprendido” a bailar tango, y presentamos el número que habíamos preparado en el Banquet. Nuestro público, poco familiarizado con el tango, aplaudió efusivamente el resultado de nuestro esfuerzo autodidáctico. Aunque en ese momento había quedado satisfecha por haber difundido un trocito de mi cultura, también me había endeudado con mis raíces: en algún momento tendría qué aprender a bailar bien el tango. Así que en cuanto llegué a Buenos Aires me anoté a la primera milonga de la que escuché hablar. Era mi oportunidad de saldar mi deuda y corroborar qué tan tanto había aprendido con los videos. Con otro compañero, pero con la misma energía y...