Mujeres en la Blogósfera: Laura Vaillard

Mujeres en la Blogósfera: Laura Vaillard

El periodista dominicano William Vargas describe la creciente influencia de las mujeres en el mundo de los blogs a través de la experiencia de seis bloggeras latinoamericanas entrevistadas para su artículo “Mujeres de la Blogósfera” publicado en El Caribe el 1 de septiembre de 2006. Actualmente, tan sólo el 27 por ciento de los bloggers son mujeres, según la Encuesta a Webloggers y Lectores de Blogs realizada por Gemma Ferreres, Responsable de estilo y usabilidad de repsolypf.com, y el Lic. Fernando Garrido. Sin embargo, esta brecha se reduce año tras año a medida que más mujeres se van incorporando a este mundo virtual. En el artículo, Laura Vaillard, autora de este blog, Giselle Fiallo, dominicana, publicista, fotógrafa y cineasta, Carmen María Grullón, dominicana, publicista y productora audiovisual, Indhira Rojas, la publicista Ana Díaz, la abogada Enedina Pereyra, y la guionista argentina Carolina Aguirre, expresan qué sienten como bloggeras y qué las motiva a mantener sus blogs activos. Aquí he copiado un extracto de la nota donde explico qué me motiva para mantener este sitio activo: Como nómada moderna, viajando de un lado a otro todo el tiempo, con frecuencia me encuentro en situaciones extrañas, conozco personas con costumbres muy particulares y visito lugares que me inspiran, enseñan y cautivan”, comenta la argentino-venezolana. “Antes, les enviaba mails grupales a mis amigos contándoles mis historias, mientras soñaba con algún día poder publicar algunas en revistas de viajes”. De Hotmail Laura pasó a La Coctelera. “Con Vida Surrealista siento que, de alguna manera, he cumplido con este sueño; ya las publico y están al alcance de un público mayor” Gracias a todos...
El Tintineo de Monedas de los Pasajeros de Buenos Aires

El Tintineo de Monedas de los Pasajeros de Buenos Aires

Che, ¿tenés monedas? Dale, ¿No me cambiás? Diariamente miles de porteños repiten estas frases para conseguir monedas para poder tomarse “el bondi” (colectivo) para ir a trabajar, visitar a un amigo o viajar al centro a hacer trámites. En ciudades españolas donde existen los bonos mensuales de transporte y las personas pueden comprarle el boleto al conductor cuando suben al autobús, los viajeros acumulan el peso de las monedas en sus bolsillos sin necesidad. Sin embargo, en Buenos Aires, este peso en necesario. Es más, los porteños comienzan a preocuparse en cuanto el tintineo de las monedas de sus bolsillos, monederos o carteras empieza a silenciarse. Para viajar, los pasajeros suben por la puerta delantera, indican el destino de su viaje o el monto del pasaje al conductor, colocan sus monedas en la expendedora de boletos, sacan el pasaje y se trasladan lentamente hasta la parte de atrás del vehículo. En momentos desesperados, hay quienes intentan convencer al conductor de que les cambie monedas o los deje viajar gratis, pero generalmente su esfuerzo es en vano. Sin monedas, no hay pasaje. Y sin pasaje, obviamente, no hay viaje. En Roma, la situación es completamente diversa, y en muchas ocasiones turistas y romanos viajan sin pagar debido a la ambigüedad del sistema. Antes de subirse al autobús, los viajeros deben comprar sus boletos en los “tabacchi” o tabaquerías, y luego timbrarlos una vez que suben al colectivo por cualquiera de las puertas. Este sistema vierte su confianza en el ciudadano responsable y buen samaritano, ya que los inspectores de transporte sólo revisan los boletos de los pasajeros de manera esporádica....
Tango en La Viruta

Tango en La Viruta

Aprendí a bailar tango como Tom&Jerry, siguiendo los pies recortados y las líneas punteadas que danzaban al son de un constante dos por cuatro en la pantalla de mi televisor. Hubiese preferido aprender a bailar de otra forma. Pero desafortunadamente, la señora regordeta y mal vestida de esos videos de baile ochentosos que aseguran que con ellos puedes “Teach Yourself”, fue la única dispuesta a darnos clases en el cuarto alfombrado de una casa vieja de Fort Worth, Texas, capital de la música country. Ni el lugar, ni la profesora eran idóneos para aprender a bailar. Pero no tenía escapatoria. Mis amigos querían que representara a Argentina bailando tango en el Internacional Banquet 2005 de Texas Christian University. Con mucho esmero y dedicación, mi amigo colombiano Mauricio Oliveros, y yo, practicábamos los ochos, las vueltas y las piruetas una y otra vez, mientras mirábamos esos videos de tango en “slow motion” para no perdernos ningún detalle. Al cabo de unas semanas, habíamos “aprendido” a bailar tango, y presentamos el número que habíamos preparado en el Banquet. Nuestro público, poco familiarizado con el tango, aplaudió efusivamente el resultado de nuestro esfuerzo autodidáctico. Aunque en ese momento había quedado satisfecha por haber difundido un trocito de mi cultura, también me había endeudado con mis raíces: en algún momento tendría qué aprender a bailar bien el tango. Así que en cuanto llegué a Buenos Aires me anoté a la primera milonga de la que escuché hablar. Era mi oportunidad de saldar mi deuda y corroborar qué tan tanto había aprendido con los videos. Con otro compañero, pero con la misma energía y...
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