Segundo día del Domuyo: La cordillera del viento se hace oír

Segundo día del Domuyo: La cordillera del viento se hace oír

Por: Diego Jarlip (Buenos Aires, Argentina)

Fotos: Diego Jarlip y Hernán Bonomi (Buenos Aires, Argentina)

Segundo día al campamento de 3.800 m.s.n.m.

A las nueve de la mañana me sentía un hombre nuevo, y de muy buen ánimo para afrontar la subida hasta el campamento de altura a los 3.800 m.n.s.m. En ese momento decidimos que para poder continuar con un buen ritmo teníamos que dejar varias cosas. Por falta de experiencia, habíamos llevado muchas cosas de más “por si acaso”, y el peso de nuestras mochilas era excesivo. Así aprendimos nuestra primera lección: “para escalar hay que cargar sólo lo imprescindible” y por eso dejamos en una especie de refugio de zinc una bolsa de residuos con comida y dos mochilas, que recogeríamos al regreso. Cabe destacar que antes de salir también cargamos agua para los próximos 2 días ya que hasta llegar a la nieve no existen fuentes de agua potable en el camino.

Una hora más tarde salimos tranquilos para el próximo campamento. No hacía ni frío ni calor; el día estaba ideal: sol radiante con repentinas ráfagas de viento a favor que nos levantaban. De esta forma, el Domuyo nos estaba invitando a seguir.

En esta segunda etapa, el camino ya contaba con una inclinación más importante, pero sabíamos que íbamos a caminar menos (sólo cuatro kilómetros) y contábamos con mucho tiempo para llegar al siguiente campamento. No era mucho, pero se sentía. El terreno era más arenoso, con mucho polvo volcánico y las rocas eran amarillas debido al azufre. A estas alturas, había poca vida en la montaña; ya no se veían ni cactus, ni animales cerca. Sólo de vez en cuando se acercaban algunos pajaritos para comer las migas de nuestras barritas de cereal o cóndores que pasaban a saludar.

Recién a la mitad del viaje pudimos empezar a apreciar la vista una vez que nos alejamos del valle y empezamos a subir más abruptamente; podíamos divisar algunos volcanes chilenos y los pocos glaciares cercanos que sobrevivieron el verano.

Siete horas más tarde arribamos al campamento de altura (a 3.800 m.s.n.m.) y elegimos la mejor pirca para pasar la noche. Alrededor de este campamento pudimos encontrar muchísimos fósiles. Sin embargo, al no ser expertos en la materia, con sólo mirarlos no pudimos determinar a qué período pertenecen, pero estamos seguros que tienen un valor arqueológico importante (había fósiles pequeños y otros del tamaño de nuestras botas).

Al parecer, antes de ser la montaña más alta de la Patagonia fue un mar repleto de crustáceos. Hoy por hoy, salvo por los fósiles, no quedan rastros ni del mar, ni de agua, y como no había ningún glaciar cerca, debíamos racionarla bien.

Cocinamos una sopita de fideos y una polenta para la cena y nos fuimos a descansar porque el día más importante estaba por venir, no solo por la cumbre sino porque era el que más esfuerzo demandaba.

Alrededor de las 23:00 hrs., comenzamos a sentir unos ruidos extraños en el campamento, como un cosquilleo que al tiempo se transformó en un verdadera molestia. Esa noche, el viento de la cordillera nos tocó la puerta de la carpa para mostrarnos por qué la llamaban así. La carpa se movía tanto que era imposible dormir; las partes laterales pegaban con nuestras bolsas de dormir; los parantes no dejaban de moverse siquiera un segundo. El ruido era insoportable. El Domuyo sopló y se hizo sentir. Para dormir, el Gato se puso los auriculares con la música a todo volumen para tapar el ruido del viento, mientras que yo no pude conciliar el sueño en toda la noche.

Así se movía la carpa:

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Fósiles

Campamento de los 3.800 ,-s-n-m

Vista hacie el Domuyo desde el campamento de altura

Vista desde la carpa

Anochecer en el campamento

Datos útiles:

Sitio web Wikiloc (www.wikiloc.com): Recomendamos acceder a este link para sacar las rutas para el GPS para el Domuyo y otras montañas o volcanes (ej: el Lanín)

Continúa en….

Primer Día: Ascenso Domuyo, la montaña más alta de la Patagonia Argentina

Tercer y cuarto día del Domuyo: De la pre-cumbre al oasis termal

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