A romper preconceptos en un casamiento judío ortodoxo

A romper preconceptos en un casamiento judío ortodoxo

Texto, foto y videos: Laura Vaillard

Las cosas no siempre son lo que parecen. Cuando uno ve a los judíos ortodoxos por la calle, a los hombres de traje y sombrero, los típicos rulos al lado de las orejas y tupidas barbas, aun en invierno, y a las mujeres con sus pelucas producidas y bien peinadas, polleras bajo la rodilla, medias y manga largas cargadas de hijos, uno los percibe como personas acorazadas atadas a la tradición.

Puede ser que efectivamente sean personas tradicionales, pero cuando uno va a un casamiento ortodoxo se da cuenta que eso no impide que sean personas alegres y sumamente divertidas.

Hoy en día, la mayoría de los casamientos son una fórmula, a pesar de que cada novia quiere creerse la persona más original del planeta: recepción con tapeo y finger food, seguido de una comida donde los invitados se sientan a comer primer plato, plato principal y postre en las mesas, para luego concluir con un baile desaforado recién cuando el alcohol en sangre es lo suficientemente elevado ara desinhibir a los invitados.

Considerando que tuve que vestirme con pollera larga, zapatos cerrados y remera de manga larga sin escote, esperaba una celebración sobria, con los hombres separados de las mujeres, como me habían prevenido. Sin embargo, en este casamiento de judíos ortodoxos me encontré con un ambiente festivo como pocas veces antes había visto. ¡La fiesta comienza desde que entran al salón! Si bien es verdad que gran parte de la celebración los hombres están separados de las mujeres, esto implica el doble de diversión.

Al parecer, en la religión judía uno de los mitzvá” (precepto en la Torá) hacer felices a los novios el día del casamiento. Los judíos ortodoxos se toman muy en serio este mitzvá y se aseguran de que los novios la pasen muy bien y cantan y bailar en todo momento: durante la recepción, durante la ceremonia religiosa, y obviamente después de la cena, en la fiesta.

Durante la recepción, la novia espera al novio sentado en un sillón mientras sus amigas cantan y bailan alrededor de ella y se sacan fotos para recordar el último momento de soltería. Mientras tanto, el hombre firma documentos y se prepara con el rabino para el gran momento hasta que ingresa acompañado por el canto de sus amigos y una banda de instrumentos de viento.

Durante la ceremonia, entre reza y rezo los invitados también cantan y aplauden al compás de la orquesta, algo muy distinto a las bodas cristinas donde todos aguardan en silencio hasta que el cura termina de dar el sermón y proclama la declaración tan esperada: “Los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia” que finalmente desata el grito de alegría contenido por los invitados.

Luego, en la fiesta, como era de esperar, sigue el baile y la diversión, sólo que los chicos y las chicas bailar separados son una sábana. Antes de presenciarlo parece un concepto arcaico, pero cuando uno lo presencia ve que efectivamente cada uno se divierte con sus amigos sin importar en qué dirán. En un momento, en el lado de las mujeres, una de ellas comenzó a hacer break dance, algo que nunca se vería en una boda tradicional por miedo al ridículo. Sin embargo, entre amigas, todo es posible.

Si bien fue una experiencia súper enriquecedora y me divertí muchísimo, si me dan a elegir, sigo prefiriendo los casamientos mixtos donde los chicos y las chicas bailan juntos. Pero fue una muy buena experiencia para romper con pre-conceptos, y quién sabe, tal vez hasta se pueda sacar alguna idea para el próximo casamiento… 😉

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