La actriz argentina Carola Reyna llega a Madrid para presentar Okasan: diario de viaje de una madre. Se trata de un unipersonal donde una madre viaja a Japón para reencontrarse con su hijo y, en ese trayecto íntimo y deslumbrante, descubre también una nueva versión de sí misma.

El 28 y 29 de noviembre, y 6 de diciembre la actriz protagoniza en Espacio Mistral la conmovedora adaptación del texto de Mori Ponsowy. Bajo la dirección de Paula Herrera Nóbile, Reyna construye un viaje emocional atravesado por el humor, la extrañeza y la belleza de lo desconocido.

Reyna posee una trayectoria que abarca más de cuatro décadas en teatro, cine y televisión. Se ha formado con maestros como Juan Carlos Gené y Carlos Gandolfo. Ha participado en montajes emblemáticos —de Chéjov a Miller, de China Zorrilla a Muscari— y ha sido distinguida con premios Martín Fierro, Florencio y cinco ACE.

Su presente artístico la encuentra en un momento de gran madurez: nominada nuevamente a los premios Martín Fierro y ACE por Okasan, el unipersonal que ahora desembarca en Madrid tras agotar funciones en Buenos Aires. A continuación, Carola Reyna (CR) nos habla un poco de esta premiada obra.

Entiendo que la obra explora la maternidad a distancia. ¿Qué aprendiste vos como actriz al hacerla?
CR: Bueno, en realidad, yo como actriz no sé si aprendí tanto. Aprendí más como persona porque yo vivo la maternidad a distancia en lo personal. Mi hijo vive justamente acá, en Madrid. Entonces con la maternidad a distancia aprendí un montón.

Aprendí a aprovechar su libertad para tomar mi libertad. Aproveché a recuperar algo de mi propia independencia, aprender a soltar —que parece fácil, pero no lo es—, aprender a disfrutar que el otro también sea feliz. Aunque uno haya deseado tanto la independencia y las alas, cuando vuelan, una dice: ¿y ahora qué hago?

Sí me sirvió como actriz para que mi cuento, mi historia se comparta. Y al compartirla también poder distanciarme un poco. Cuando una hace de su vida una obra, eso ya es de todos. Entonces ver que al otro o a la otra le pasa lo mismo, que le conmueve, ya pasa a ser algo nuestro. Esa es la tarea del teatro: reflejarnos. Representarnos. Así que me sirvió para lamerme la herida.

Estás sola en el escenario durante toda la función. ¿Cuál es el mayor desafío de interpretar un unipersonal como éste? ¿Cómo construís esa intimidad con el público?
CR: Nunca había estado sola en un escenario así que fue todo un desafío porque… vos con vos. Como digo yo, a mí me gusta mucho el fútbol y entonces yo soy todo el equipo. Yo soy defensor, soy goleador, soy arquero, soy referí y juego el partido sola. Y sin embargo, al no haber compañero y no haber otro actor, el otro es el público.

El público termina siendo un actor porque el público reacciona, respira, se manifiesta y, aunque no se
manifieste, yo vibro exactamente como la energía de lo que está pasando y siento que se dejan llevar por mi cuento. Y eso es hermoso, entonces me siento super acompañada y no estoy sola.

¿Cómo trabaja la obra la distancia entre lo que la protagonista recuerda y lo que vive en escena?

CR: Como la vida misma. Uno evoca todo el tiempo. En el presente, uno también evoca, y a veces la felicidad está justamente en el recuerdo. Esto es un diario de viaje, por lo tanto es una mezcla de recuerdo. Es como cuando uno relata un viaje, que en un punto ya pasó y en un punto sigue vivo. Entonces creo que la mezcla está justo entre esas dos partes. Es algo que, además, por más que se recuerde en el pasado, hay algo de ese vínculo con el hijo a la distancia que es presente. Porque… No sé, me parece que los vínculos están siempre acompañándolos.

¿Cómo se plantea en la obra la idea de que un hijo, al cambiar de lugar o de vida, también puede enseñarle algo a su madre?
Yo creo que un hijo te enseña igual aunque permanezca en la misma casa en el mismo pueblo, en la misma… Un hijo es un maestro como sea. Lo que pasa que, bueno, depende de qué te toca seguir aprendiendo o no, pero siempre te va enseñar algo. Y lo que creo es que al cambiar de lugar o de
vida, te tiene que enseñar que la vida es eso. Que la vida es cambio y que la vida es cintura para el cambio.

Porque, a ver, esta obra que trata de una madre cuyo hijo se va lejos, no toda la gente es padre o madre, pero sí todos somos hijos o hijas. Y nadie nunca, cuando se independizó -si es que tuvo la suerte de poder hacerlo-,pensó en la madre o el padre, en lo que dejaba atrás o en lo que quedaba
en el nido vacío. Uno está al volante de su propia vida y uno no puede decir que sean culpables los hijos porque no piensan en lo que queda.

Esta obra es linda porque muestra justo la cara que no suele mostrar. Qué pasa cuando el otro se independiza, y no solo con la maternidad, porque también pasa en una relación de pareja, en un hermano, en una familia. O en una amiga. La amiga se casa o la amiga no se qué y una siente que…
uf. ¿Qué tengo que aprender? ¿Que siempre uno siente que le quieren menos? ¿O creer que el amor es control y tener al otro cerca y saber qué hace? Eso te lo enseña un hijo y cualquier relación.

En la obra, la protagonista vive una maternidad a distancia. Desde tu sensibilidad —sin necesidad de que coincida tu experiencia personal—, ¿cómo convivís con esa “mudanza emocional” que propone el texto en comparación con una mudanza física real?

CR: Acá en la obra, por suerte, hay un personaje hermoso que es Japón. Japón nos sirve muchísimo para irnos de viaje a un país mágico y diferente. Pero, hablando de mudanzas, es una metáfora. La mudanza puede ser emocional y no hace falta Japón. Un hijo o una hija puede casarse y el Japón pasa a ser la nueva familia. O se independiza y se va a vivir con amigos de la universidad y uno ya sabe que no le puede llamar igual que antes ni aparecer a cualquier hora.

Japón nos sirve muchísimo para irnos de viaje a un país mágico y diferente. Pero, hablando de mudanzas, es una metáfora. La mudanza puede ser emocional y no hace falta Japón.

Japón representa la distancia que marca el tiempo. Y siempre va a ser un territorio desconocido, lo nuevo. Es precioso en el cuento que sea allí, pero Japón puede ser la ciudad… Un joven o una joven que viva en un pueblo y se va a la ciudad a la universidad, pasa a ser Japón para el otro. O sea que yo pienso que Japón representa cualquier mudanza emocional.

¿Qué te gustaría que el público se lleve después de ver la obra y tu interpretación?
CR: Lo que me gustaría que el público se lleve es un viaje, su propio viaje. Yo creo que cuando salgo al escenario, siento que la gente está como en pijama y yo soy la que les está contando el cuentito de las buenas noches. Y al cuento de las buenas noches, todos nos hemos entregado a eso porque todos necesitamos compartir los miedos, luchar contra los ogros, o saber que hay hadas, saber que hay duendes o saber que pueden pasar cosas extraordinarias. Entonces, me parece que, si uno se deja llevar en la obra, vas a vivir un viaje y vas a compartir un poco tu soledad, tus amores, tus temores, el paso del tiempo, saber que todo cambia y que es inexorable, pero que también es hermoso como la vida.

Ficha artística

Dirección – Paula Herrera Nóbile
Adaptación – Paula Herrera Nóbile con la colaboración de Sandra Durán y Carola Reyna, a partir de la novela de Mori Ponsowy (Okasan)
Actriz – Carola Reyna

OKASAN

28 y 29 de noviembre y 6 de diciembre

Espacio Mistral – Avenidade Portugal, 13728011

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