Baco Polaco de Mauricio Kartun se presenta en los Teatros del Canal dentro de la programación de Hispanidad 2026 entre el 2 y 11 de octubre de 2026.

Veo más de 40 obras de teatro al año. Algunas entretienen, otras sorprenden y otras, como es el caso de Baco Polaco, de Mauricio Kartun, me dejan con una euforia que hizo que me costara conciliar el sueño. Incluso, se ha convertido en mi obra favorita del 2026.

La obra se presentó en los Teatros del Canal de Madrid dentro de Hispanidad 2026. Cada año, el festival reúne distintas expresiones culturales del mundo hispanohablante. Ha sido un gran acierto que se eligiese esta obra para representar Argentina. En una hora y cuarenta y cinco minutos condensa humor, tragedia, música y carnaval.

¿De qué trata Baco polaco?

Mauricio Kartun ha definido Baco polaco como “un pastiche de las bacantes de Eurípides”. La tragedia griega abandona Tebas y aterriza en un pequeño pueblo de la pampa argentina de los años treinta.

Por esa llanura viajan el señor Silenio, Sarita, y su hermana, Reina Esther, la “virgen vitrolera”. También los acompaña Dionisio, enamorado de Reina Esther hasta haberse convertido prácticamente en su mascota.

La biteolera hace sonar su música en discos de pasta. Es una especie de DJ mitológico de otra época: allí donde llega, nace la fiesta. Con la fiesta llegan también el deseo, el exceso y la bacanal. Esa fiesta en honor a dionisio donde abunda el vino, el descontrol y los excesos.

La troupe llega a un pequeño pueblo durante el carnaval. Allí aparece Penteo, terrateniente del lugar, que se obsesiona con Reina Esther. Su deseo desmedido desencadena la tragedia.

El elenco está formado por Aníbal Gulluni, Paloma Zaremba, Soledad Bautista, José Mehrez, Luciana Dulitzky y Nahuel Monasterio, bajo la autoría y dirección de Mauricio Kartun.

Una pampa construida con muy poco

Una de las cosas que más me gustó de Baco polaco es cómo consigue construir un universo enorme con una escenografía deliberadamente austera.

El diseño de escenografía y vestuario de Rodrigo González Garillo nos sitúa rápidamente en esa planicie pampeana: un espacio árido, oscuro y casi suspendido en el tiempo. El minimalismo, además, permite que la acción fluya y que sean los intérpretes quienes terminen de construir los diferentes espacios.

Aquí la iluminación cumple un papel fundamental.

El diseño de Agnese Lozupone utiliza la luz para delimitar espacios, dirigir la mirada y modificar la atmósfera sin necesidad de transformar físicamente el escenario. De pronto estamos en el bar donde trabaja la vitrolera; después, en la casa de Penteo; más tarde, en medio de un carnaval.

La luz funciona casi como otro elemento narrativo: decide qué vemos y, sobre todo, dónde debemos mirar.

A esto se suman el diseño de movimiento de Juan Manuel Branca y el universo sonoro creado por José Mehrez y Aníbal Gulluni, fundamentales para construir ese territorio a medio camino entre lo popular, lo mítico y lo onírico.

Un elenco en el que cada cuerpo cuenta una historia

Si algo sostiene Baco Polaco es su elenco.

La actuación es brillante porque cada personaje parece tener un lenguaje físico propio. Los gestos, las posturas, las miradas y las maneras de desplazarse aportan información antes incluso de que aparezca la palabra.

Y eso tiene un efecto especialmente interesante: todo resulta orgánico.

Incluso cuando la obra entra de lleno en lo mitológico, lo grotesco o lo onírico, creemos en lo que está sucediendo.

Ese equilibrio no es sencillo. Los personajes podrían convertirse fácilmente en caricaturas, pero nunca terminan de hacerlo. Hay humor y exageración, y Kartún logra que parezca verosímil, cotidiano, «normal».

Del deseo a la tragedia

Amor, odio, envidia, venganza, culpa, deseo carnal y fiesta atraviesan toda la obra.

Reina Esther funciona como el centro gravitacional alrededor del cual comienzan a desordenarse los demás personajes.

Su belleza ha cautivado tanto a Dionisio que el dios parece haberse vuelto tonto de tanto amor. Penteo, en cambio, la desea de una manera posesiva e insana. Es precisamente ese deseo el que termina poniendo en marcha la maquinaria de la tragedia.

Pero una de las mayores virtudes de Kartun está en el tono.

Baco polaco puede hacerte reír a carcajadas y, pocos minutos después, obligarte a contener el aliento mientras escuchas una confesión desgarradora.

No existe una frontera clara entre comedia y tragedia. Una nace de la otra.

Quizá por eso el golpe emocional funciona tan bien.

Un carnaval donde realidad y delirio empiezan a mezclarse

El carnaval no es simplemente el contexto temporal de la obra. Es parte de su lógica.

Hay alcohol, música, cuerpos, deseo, máscaras y una multitud que parece arrastrar a los personajes. A medida que avanza la historia, las fronteras entre lo real y lo fantástico comienzan a desdibujarse.

Hasta desembocar en un final envuelto en una especie de embriaguez colectiva y onírica.

La introducción de la madre de Penteo, aportan ternura a un personaje oscuro. Hacen que lo quieras para luego odiarlo. Me hizo a acordar a «El Monstruo de White Roses» donde aún las personas más detestables pueden tener un lado humano.

No voy a contar qué sucede.

Solo diré que el giro final nos dejó hablando de la obra durante horas después de salir del teatro. Para mí ese es uno de los mejores indicadores de que algo ha funcionado: cuando baja el telón, pero la obra no termina.

Tres claves argentinas para entender mejor Baco polaco

Fui a ver Baco polaco con amigos españoles y, al salir, me hicieron varias preguntas sobre palabras y referencias culturales que para un argentino pueden resultar evidentes, pero que no necesariamente lo son para el público de Madrid.

Así que, si vas a verla y no eres argentino, hay tres pequeñas claves que pueden ayudarte.

¿Qué significa “opa” en Argentina?

Cuando en Argentina alguien dice que una persona es “opa”, está diciendo, de manera coloquial, que es un poco tonta, ingenua.

No es un apodo ni un segundo nombre.

En argentino más contemporáneo: le falta una vuelta de horno.

¿Por qué hacen referencia a la Calle Paraguay?

La calle Paraguay es una conocida calle de Buenos Aires y aparece en el imaginario geográfico que construye la obra.

De un lado está una zona pudiente, principalmente de inmigrantes europeos. El lado otra hablan “del lado polaco”. Mientras que del otro lado hay una zona más humilde, donde viven personas con menor poder adquisitivo, o “cabezas”, como los llaman en la obra.

El carnaval argentino es en verano

Para un espectador español hay otro dato que cambia bastante la imagen mental de la escena final: en Argentina el carnaval se celebra en verano.

Hace calor. Hay gente en la calle, música, disfraces, baile, alcohol y multitudes moviéndose de un lado a otro.

Salvando las distancias, puede recordar al espíritu de algunas verbenas populares españolas: durante unas horas, las reglas cotidianas parecen relajarse.

Y ese contexto es importante para entender el final de Baco polaco. La muchedumbre, el calor, el alcohol y la fiesta generan un estado en el que los límites entre la realidad y lo onírico empiezan a borrarse.

Baco polaco, una gran representante del teatro argentino en Madrid

Dentro de la programación de Hispanidad 2026, Baco polaco me parece una magnífica forma de acercarse a la creatividad teatral argentina.

Kartun toma una tragedia escrita por Eurípides hace más de dos mil años, la lleva a un pueblo perdido de la pampa, le suma una vitrolera, un dios enamorado, terratenientes, discos de pasta, carnaval y una buena dosis de humor argentino y la reconvierte en una pieza maravillosa.

Cambian los paisajes, las palabras y los siglos, pero seguimos moviéndonos por cosas bastante parecidas: el amor, el deseo, los celos, el poder, la culpa y la venganza.

Quizá por eso salimos del teatro hablando todavía de lo que acabábamos de ver.

Y seguimos haciéndolo horas después.

No se la pierdan. Hay tiempo hasta el 11 de octubre de 2026.

Ficha artística de Baco polaco

Autoría y dirección: Mauricio Kartun
Elenco: Aníbal Gulluni, Paloma Zaremba, Soledad Bautista, José Mehrez, Luciana Dulitzky y Nahuel Monasterio
Diseño de escenografía y vestuario: Rodrigo González Garillo
Diseño de iluminación: Agnese Lozupone
Diseño de movimiento: Juan Manuel Branca
Diseño sonoro: José Mehrez y Aníbal Gulluni
Luthería: José Mehrez
Asistencia de dirección: Bárbara Sánchez
Producción: Complejo Teatral de Buenos Aires
Ministra de Cultura: Gabriela Ricardes
Director General y Artístico del Complejo Teatral de Buenos Aires: Alberto Ligaluppi

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